A pocas horas de la gran final de Gran Hermano: Generación Dorada, Solange “Sol” Abraham protagonizó uno de los momentos más emotivos de su paso por el reality.
La finalista recibió una inesperada visita de sus seres queridos y pudo volver a abrazar a su familia después de varios meses de aislamiento.
La emoción comenzó cuando Sol vio ingresar a su mamá, Norma. “¡Hola, mami!”, expresó la participante apenas la reconoció, antes de fundirse en un fuerte abrazo con ella.
Pero la sorpresa no terminó allí. También aparecieron su hija Delfina, su hermana Neolia y su sobrino Felipe, quienes tuvieron la oportunidad de compartir unos minutos con Sol en la recta final del programa.
Visiblemente emocionada por el encuentro, la participante aprovechó el momento para hablarles a sus familiares sobre todo lo que significó para ella atravesar esta experiencia. “No sé qué va a pasar, si voy a ganar o no voy a ganar. Porque saben que yo ya gané”, aseguró.
Luego explicó por qué considera que su paso por la casa ya representa una victoria: “Les quiero demostrar a los dos que hay que esforzarse. Y hay que darlo todo. Que hay que hacer todo por cumplir los sueños. Y sobre todo con esfuerzo y constancia”.
El emotivo encuentro de Sol con su hija y su sobrino en la casa de #GranHermano.#GranHermanoGeneraciónDorada #GranHermanoArgentina pic.twitter.com/JWz3q8tOfB
— TeleViral (@TeleViralAr) September 16, 2026
Finalmente, Sol les dejó un mensaje que resumió el espíritu con el que afrontó la competencia: “Yo quiero ser un ejemplo para ustedes con eso. Si alguien les dice que no, ¿ustedes qué tienen que decir? ‘Sí se puede’”.
De esta manera, a horas de la definición entre Sol y Yipio, la finalista recibió uno de los abrazos más esperados de toda su estadía en la casa y convirtió el reencuentro con sus seres queridos en un mensaje de esfuerzo, perseverancia y sueños cumplidos.